Termina el Diplomado Ignaciano generación 2024–2025: un camino de profundidad, identidad y compromiso
Con espíritu de alegría, gratitud y esperanza, celebramos la conclusión del Diplomado Ignaciano generación 2024–2025, un proceso formativo significativo que vivieron colaboradoras y colaboradores de la Escuela Carlos Pereyra y de la Universidad Iberoamericana Torreón, como parte de su compromiso con una educación transformadora, cimentada en los valores y principios de la espiritualidad ignaciana.
Durante varios meses, las y los participantes recorrieron un itinerario de aprendizaje teórico y vivencial diseñado para fortalecer la identidad institucional, profundizar en el legado espiritual de San Ignacio de Loyola, y enriquecer su quehacer cotidiano desde un enfoque educativo centrado en la persona, el discernimiento, la justicia y la compasión.
Este diplomado es una de las acciones prioritarias establecidas por el Plan de Formación Institucional de la Escuela Carlos Pereyra, en el marco del Modelo Cultural Pereyra y la Planeación Estratégica 2024–2028, como parte de los procesos que buscan acompañar a cada miembro de la comunidad educativa en su crecimiento humano, profesional y espiritual.
Un proceso formativo que fortalece el ser y el sentido de misión
A lo largo del diplomado, hubo muchas conversaciones, silencios que hablaron más que las palabras, lágrimas compartidas, risas liberadoras y momentos de profunda conexión entre quienes compartieron esta experiencia. No se trató solo de adquirir herramientas, sino de reafirmar la vocación educativa desde el corazón.
A lo largo del diplomado, se abordaron temáticas fundamentales que dan cuerpo y sentido a la misión educativa de la Compañía de Jesús:
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Ignacio de Loyola y la Compañía de Jesús: se profundizó en la vida de San Ignacio como peregrino y fundador, en su proceso de conversión y discernimiento, así como en el surgimiento de la Compañía y su impacto en el mundo educativo, pastoral y social.
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Fundamentación cristiana de la espiritualidad: se reflexionó sobre el horizonte teológico y antropológico de nuestra espiritualidad, centrada en el seguimiento de Jesús desde la libertad interior, el amor como servicio y la experiencia del Dios que habita todas las cosas.
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Espiritualidad y discernimiento ignacianos: se reconoció al discernimiento como el núcleo del modo de proceder ignaciano, y se exploraron prácticas para su vivencia personal y comunitaria.
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Cura personalis y acompañamiento: se vivieron experiencias que ayudaron a comprender la importancia de acompañar a las personas con respeto por su singularidad, con una mirada atenta a sus procesos personales y al cuidado integral de su ser.
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Pedagogía Ignaciana y propuesta educativa del siglo XXI: se dialogó sobre cómo llevar a la práctica un modelo pedagógico integral, capaz de formar personas conscientes, competentes, compasivas, comprometidas y contemplativas en la acción (las 5C), integrando los desafíos actuales del mundo.
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La afectividad como base de la educación ignaciana: se reconoció el valor de las emociones y los vínculos en el proceso educativo. A través de un taller vivencial con herramientas como el eneagrama, las y los participantes profundizaron en su autoconocimiento y desarrollo personal.
Este conjunto de módulos no solo buscó brindar conocimientos, sino también generar experiencias transformadoras que resonaran en lo más profundo de cada participante, desde el encuentro con Dios hasta el compromiso concreto en sus comunidades educativas.
Formación ignaciana: identidad, comunidad y misión compartida
La Escuela Carlos Pereyra, como obra de la Compañía de Jesús en la Comarca Lagunera, asume con responsabilidad la misión de formar liderazgos ignacianos capaces de contribuir a un mundo más justo, humano y fraterno. En este contexto, la formación continua de quienes colaboran en ella es parte fundamental del compromiso institucional con la calidad humana y académica.
El Diplomado Ignaciano se convierte así en un pilar del camino hacia una comunidad educativa que comparte una misma visión del mundo, una manera de proceder basada en el discernimiento y una vocación educativa común, que nace del amor y se expresa en el servicio. Como lo señala el Modelo Cultural Pereyra: “El cuidado de los unos por los otros garantiza la transmisión de la vida humana. Los grandes estamos para acompañar a los pequeños en su crecimiento”.
Además, esta formación se alinea con los ejes transversales y las preferencias apostólicas de la Compañía de Jesús, que orientan las obras en todo el mundo hacia una mayor atención a las personas descartadas, al acompañamiento de la juventud, al cuidado de la Casa Común y a la profundización del camino hacia Dios.
Palabras que cierran, experiencias que continúan
En la ceremonia de clausura, realizada en un espacio de recogimiento y celebración comunitaria, se compartieron palabras llenas de agradecimiento, esperanza y compromiso. Se entregaron reconocimientos simbólicos, no solo por haber finalizado un proceso académico, sino por haber sido parte de una experiencia que transforma la mirada, la acción y el corazón.
Porque formar parte de esta comunidad no es solo pertenecer a una institución: es ser parte de un cuerpo apostólico en movimiento, que sueña con un mundo más justo y humano, y que lo construye cada día desde las aulas, los pasillos, las oficinas, los patios… desde cada rincón donde hay una mirada que cuida y una palabra que anima.
Felicitamos con orgullo y cariño a quienes formaron parte de esta generación. Gracias por su apertura, por su compromiso y por asumir este proceso como una oportunidad para crecer en lo personal y en lo colectivo.
Desde la Escuela Carlos Pereyra seguiremos impulsando espacios de formación profunda, convencidos de que la transformación del mundo comienza por el cuidado y la transformación del corazón.
“En todo amar y servir.”























