El pasado 18 de febrero, la comunidad de Primaria de la Escuela Carlos Pereyra vivió una experiencia que refleja con claridad el espíritu de formación integral y trabajo en comunidad que caracteriza a nuestra institución. A través de una iniciativa impulsada por el equipo de Robótica de Bachillerato, se concretó la entrega de robots educativos destinados a fortalecer el aprendizaje en Primaria menor.
La actividad tuvo dos momentos profundamente complementarios: la donación de los robots y la puesta en marcha de una clase de programación diseñada especialmente para los alumnos de primero y segundo de Primaria.
Los estudiantes de Bachillerato que participan en la FIRST Robotics Competition organizaron diversas actividades para reunir recursos, adquirir tres robots educativos y donarlos a sus compañeros más pequeños. Esta iniciativa forma parte de su proceso de preparación académica y técnica, pero también responde a una convicción formativa: inspirar el interés por la ciencia y la tecnología desde edades tempranas.
Más allá de la adquisición del material, el proyecto permitió a los alumnos de Bachillerato vivir el aprendizaje desde el servicio, fortaleciendo su sentido de liderazgo, corresponsabilidad y compromiso con el bien común. En esta experiencia, la robótica se convirtió en un puente entre niveles, promoviendo una cultura de acompañamiento y comunidad.
Con los robots ya en manos de Primaria, se desarrolló una clase de programación dirigida a los grupos de primero y segundo, en la que se abordaron conceptos como algoritmos, secuencias, ciclos y depuración de errores.
La sesión fue diseñada por la maestra María Guadalupe Reyes, quien planteó retos adecuados a la edad de los estudiantes, permitiéndoles construir, ejecutar, analizar y corregir instrucciones de manera práctica. Lo que podría parecer abstracto en un cuaderno cobró vida a través de la experimentación directa.

Las niñas y los niños no solo escucharon qué es un algoritmo: lo pusieron en práctica. Analizaron sus errores, ajustaron estrategias y perseveraron hasta alcanzar sus objetivos, desarrollando pensamiento lógico-computacional y fortaleciendo su capacidad de resolución de problemas.
Esta experiencia evidenció cómo la integración de herramientas tecnológicas puede enriquecer significativamente el proceso de enseñanza-aprendizaje cuando está acompañada de una intención pedagógica clara.
Desde una mirada ignaciana, la actividad fortaleció valores como la responsabilidad, la colaboración, la empatía y la búsqueda del Magis: ese “más” que impulsa a hacer las cosas con profundidad y propósito.
Además, consolidó una visión institucional compartida: la formación no se limita a transmitir contenidos, sino que busca generar experiencias significativas que despierten la curiosidad, el entusiasmo y el deseo de aprender.
El impacto de la jornada trascendió el aprendizaje técnico. Para los alumnos de Primaria, significó descubrir que la ciencia y la tecnología pueden ser accesibles, dinámicas y parte de su futuro desde hoy. Para los estudiantes de Bachillerato, representó la oportunidad de inspirar con el ejemplo y poner sus talentos al servicio de otros.
Cuando el conocimiento se comparte, la comunidad se fortalece.
En la Escuela Carlos Pereyra seguimos apostando por experiencias que integran innovación, servicio y formación integral, convencidos de que aprender también es acompañar, servir e inspirar.















