Durante una semana, las y los alumnos de Secundaria de la Escuela participaron en el Taller de Convivencia Sana, una experiencia formativa pensada para fortalecer las relaciones interpersonales y promover una cultura de respeto, empatía y corresponsabilidad dentro de la comunidad escolar.
Este taller tuvo como eje central la prevención del acoso escolar, la resolución asertiva de conflictos y el reconocimiento del impacto que nuestras palabras, actitudes y decisiones tienen en las demás personas. Más allá de transmitir información, el espacio buscó generar reflexión profunda y conciencia personal, invitando a nuestros estudiantes a mirarse a sí mismos y a su entorno con mayor sensibilidad y responsabilidad.
A través de actividades dinámicas, ejercicios vivenciales y momentos de diálogo guiado, el alumnado pudo identificar distintas situaciones que se presentan en la vida escolar cotidiana, analizar cómo reaccionan ante ellas y explorar alternativas más sanas para afrontarlas. El taller permitió reconocer que la convivencia no es algo que sucede de manera automática, sino que se construye día a día con pequeñas decisiones que pueden fortalecer o dañar los vínculos.
Uno de los aprendizajes más relevantes fue comprender que todas y todos somos parte activa del clima escolar. Cada gesto de inclusión, cada palabra de apoyo o, por el contrario, cada burla o indiferencia, tiene un impacto real en la experiencia de los demás. Desde esta toma de conciencia, se promovió la empatía como una habilidad clave para ponerse en el lugar del otro, reconocer sus emociones y actuar con mayor humanidad.
El espacio de reflexión colectiva permitió abrir canales de diálogo, fortalecer la confianza y reafirmar el valor de la corresponsabilidad, entendida como el compromiso compartido de cuidar a la comunidad y velar por el bienestar común. En este sentido, el Taller de Convivencia Sana se vivió como una oportunidad para reafirmar que la Escuela es un lugar donde cada persona debe sentirse segura, escuchada y respetada.
Este tipo de experiencias formativas refuerzan la convicción de que educar va más allá de lo académico: implica acompañar procesos humanos que formen personas conscientes, empáticas y comprometidas con el cuidado de los demás.
La Pereyra continúa apostando por espacios que fortalezcan la formación integral de sus estudiantes, convencida de que una convivencia sana es la base para el aprendizaje, el crecimiento personal y la construcción de una comunidad que refleje sus valores.















